La vieja nueva solución del productor lechero, las cooperativas

Al hablar del mercado lechero, pensamos en primer lugar en la leche blanca y sus variedades. En vainilla, frutilla y chocolate o quizás, sin lactosa. Sin embargo, el mercado lechero incluye mucho más que solo la leche en sí misma y ha estado marcado por las pugnas entre productores e intermediarios.

Por Jorge Marchant Díaz

Año tras año, el consumidor, al obtener la leche en el supermercado se ha percatado del aumento de su precio. Si hacia principios de la década del 2000 aún podíamos obtener a bajos precios el lácteo principal e incluso comprarlo en bolsa, hoy hemos visto ascender su precio hacia los 700 pesos e incluso superarlo. Esto, sin embargo, está al mismo nivel de los países de la OCDE, donde el litro de leche se mantiene alrededor de un litro es igual a un dólar. Así como en Europa el litro equivale aproximadamente a un euro.

Si bien, para el consumidor, el precio de la leche no variaría mucho al comprarla en el supermercado, la industria láctea arrastra varios problemas que van desde la vaca hasta que llega a nuestras mesas.

Si tomamos como precio hipotético de la leche los 700 pesos, que es como la obtenemos de la estantería del supermercado un 19% del precio es el IVA. El Estado es un socio importante en cada compraventa del país. Es decir, por cada litro de leche 133 pesos van a parar a las arcas del Estado. Además, el supermercado, obtiene como ganancia un 22%, es decir 154 pesos. Por otro lado, cobra a la empresa intermediaria un 7% por poner el producto en vitrina, unos 49 pesos. Al productor le pagan normalmente entre 200 y 210 pesos por litro de leche.

El precio que se le paga al productor se construye en base a una pauta de precios que los intermediarios establecen a cada industria y a cada planta de forma particular. Finalmente los precios son similares. En esto participan los neozelandeses de Fonterra, que además controlan más del 90% de Soprole, los suizos de Nestlé, Watt’s, mientras por otro carril corre la cooperativa de La Unión, Colun. Entre ellos suman miles de pequeños agricultores que reciben diferentes precios por cada litro de leche producida en su campo. 

Rodrigo Mardones, gerente general de Agrollanquihue dice: “No puedo creer que sea tan commodity que no compitan. Las plantas producen leche en polvo, que es commodity, pero también producen queso y no todo el queso lo es. Una parte importante de la leche, entre un 30 y 40% del total entregado, se convierte en queso. Incluso la mantequilla, la crema o la leche condensada es más cara que la leche en polvo.” Y el precio se calcula en base a la leche en polvo. La subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, explicó que “la leche natural es aquella leche que solamente ha sido pasteurizada, la leche reconstituida son las leches en polvo que se les agrega agua, y la leche en polvo es aquella que se le ha deshidratado y se le ha retirado el agua”.

Esto implica que las grandes empresas no

comparten en gran parte sus utilidades con el productor. “Si tú quieres que produzca más leche, tienes que poner más plata en la mesa. No estoy poniendo la mano y diciendo compartan porque sí. La producción ha empezado a caer, salvo Colun y Manuka”, dice Rodrigo Mardones. Manuka tiene cerca de 40 campos en la zona del Lago Rupanco y la comuna de Puerto Octay. Es una empresa neozelandesa. “Son ultra eficientes, pero manejan sólo 18 mil hectáreas”, añade Mardones.

Hoy en Chile, según datos de ODEPA entre un 90 y 94% es la leche formal. Se calcula además que el 10% de la producción nacional de leche va a parar a queserías informales, pequeños agricultores que hacen queso en su campo por ejemplo.

El gran salto del precio de la leche

De 110 pesos el 2008 a 160 el 2009, para llegar, el 2010, a 200 pesos el litro de leche. Que en esa época se valía a 600 pesos en el supermercado. Este precio fijados por las empresas procesadoras e intermediarias al productor es en base al litro de leche en polvo, mientras que hacen queso o yogur, de un costo mayor. En el ciclo de los súper commodities. Los granos y la leche tampoco estuvieron exentos. 2007 aumento de 1800 dólares la tonelada a 5000 dólares la tonelada. Luego se estancó en los 4000 dólares. La gran subida de precio.

Rodrigo Mardones, que para la época era seremi de Agricultura, dice: “Hacia el 2010 nos propusimos como meta ser potencia lechera. Con tanto tratado de Libre Comercio alcanzamos cerca de 5 mil millones de habitantes en el mundo, y con la calidad de la leche chilena podría ser perfectamente un exportador”. Hasta el año 2014 Chile era un país exportador neto de leche, año en que comienzan a aparecer también los contratos entre los productores y la empresa intermediaria. Por ejemplo contratos de fidelidad, que implicaban bonos por quedarse el año completo en la empresa, algo que hasta ese momento no se había visto. Al correr los años, las empresas comenzaron a bajar los precios de pauta y aumentaron los precios de contrato, es decir aumentaba el pago por año, pero bajaba el precio base. “Estos precios no podía revisarlos el gremio, solo hacer estimaciones, que son públicas. Había un misterio de pesos en el contrato, que además podían incluir pérdida de bonos o cobranzas al productor en caso de no cumplir. Paralelo a esto, aumentan las importaciones. Una cosa muy distinta es llegar a los 200 pesos por litro de leche con un dólar menor a 500 pesos en 2011 o 2012 que seguir percibiendo los mismos 200 pesos con el dólar a 700 pesos, sin embargo nunca se ha querido hablar de colusión porque no existen pruebas”, dice Rodrigo Mardones. En Febrero de este año el Tribunal de la Libre Competencia zanjó que no existe colusión, pero que sí existen actitudes que no favorecen la competencia por parte de las empresas intermediarias. Por ejemplo, existen barreras de entrada. “Si quiero vender queso en un supermercado, las grandes empresas, incluida Colun, podrían bajar sus precios para sacarme del mercado, eso es ilegal, pero extremadamente difícil de probar. Es dumping”.  Es aquí donde se abre la opción de formar más cooperativas, que permitan al productor hacerse parte directamente del mercado. La complejidad radica en que “años trabajando en la individualidad ha generado desconfianza entre los mismos pares”, añade Mardones.

“La lechería es una decisión importante. No cualquiera es lechero”, dice el gerente general de Agrollanquihue. De aprox. 600 mil agricultores de esos se estiman que solo 5 mil son productores de leche.

Si las empresas estimularan más al productor, se le podría dar más concentrado, que la haría producir entre dos y tres litros más por día. Que multiplicado por 400 mil vacas, equivale a 12 millones de litros diarios a nivel nacional. Una Soprole entera nueva. Esa es la capacidad de reacción del rubro en Chile.

Se exportaban 300 millones de litros y se importaban 200 millones. Nunca superó el 10% de la leche transada en Chile. El 2015 empieza una disminución de la compra de leche a los productores y una sostenida alza de la importación. Ascendió a 300 millones de litros en 2015-2016 y se disparó con 800 millones en 2017. Esto considera todos los derivados lácteos. Colun y Manuka seguían siendo las únicas empresas que crecían junto al productor, mientras las otras decrecían (Watt’s, Nestlé, Soprole, entre otras). Prolesur y Soprole son empresas que comparten dueño. Si bien son distintas, Prolesur importa leche y Soprole no. Sin embargo Soprole es el productor, que además de comprar en el mercado local, trabaja leche importada.

Colun, por otro lado, “es la única lechera que puede funcionar en Chile como la Coca Cola, es decir, que si sube el precio, en conjunto con el supermercado, puede llegar a aumentarlo cerca de 11% sin verse afectado”, dice Mardones. Es el único caso en el que el productor vería ganancia respecto al precio del supermercado. Para las otras empresas el trato es solamente entre el intermediario y el supermercado.

Colun crece entre el 3 y 5% anual. En 2012, producía 450 millones de litros anuales, que aumentaron a 650 hoy y pretenden llegar a 1000 millones de litros anuales en 2023. Mientras que en 2017 se comienzan a escuchar los primeros cierres de lecherías importantes. Lecherías de un millón o dos millones de litros anuales. En primer lugar, porque el precio pagado por las empresas no alcanza a mantener el campo y por otro lado, afectados por la importación de leche y sus derivados.

“Cuando los precios del mercado suben, el precio pagado al productor sube por la escalera, pero cuando los precios a nivel de mercado bajan, los precios al productor lo hacen por el ascensor” (Eduardo Schwerter, presidente de FEDELECHE).

 

Imperfecciones en el mercado lechero

Las primeras acusaciones son de 1996, cuando la Fiscalía Regional Económica de la Araucanía consideró que había un oligopsonio en el mercado de la leche, es decir, los compradores del producto (empresas procesadoras e intermediarias) tenían más poder que los productores y se llevaban la mayoría de los beneficios. Pues porque al existir menos empresas procesadoras que productores, estos debían vender incluso a precios más bajos con tal de no perder la mercadería. Un oligopsonio es una situación de competencia imperfecta que surge en un mercado donde existe un número pequeño de demandantes en los cuales se deposita el control y el poder sobre los precios y las cantidades de un producto en el mercado.

El caso después llegó al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) que, en 2004, emitió una sentencia en la que negó el oligopsonio en la región. Incluso, para evitar la creación de uno, estableció nuevas obligaciones de carácter nacional para las empresas, siendo la principal que debían publicar los precios que les pagaban a los productores nacionales por la leche.

Desde entonces, la única empresa que no ha difundido sus precios de compra es Colun, porque como se trata de una cooperativa integrada por más de 730 socios, quienes a su vez son productores, se consideró que entre ellos no realizaban una transacción, sino que un traspaso.

El diputado por la región de Los Ríos, Iván Flores (DC), plantea que arbitrariamente las empresas lácteas bajaron los precios de compra a los productores, ya que no existe una razón de mercado que justifique este hecho. En su opinión, el motivo que lo respalda es otro: beneficiar la importación de productos lácteos de las mismas empresas procesadoras desde el extranjero.

Salvaguardia

En 2016 se identifica que ante el aumento de importaciones más allá de lo razonable, que incluso el rubro lechero estima que puedan llegar hasta el 40%  de la leche, deciden desde FEDELECHE establecer una solicitud de salvaguardia al Estado de Chile, que es un mecanismo de defensa comercial autoriza para un exceso de importación de productos que podrían conseguirse en el país y que amenazan o generan daño a la producción nacional. “Esto podría haberlo pedido incluso las queseras medianas del país, pero lo hacen los productores porque es a quienes más afecta”. Esta fue solicitada en noviembre del año 2017 y han demorado más de un año en entregar una respuesta. Leche en polvo entera, leche en polvo descremada y queso gouda, son los productos que buscan resguardar por un plazo de dos años. “Normalmente demoran 3 meses en aprobar o rechazar, pero no han dado respuesta alguna. Existen muchos países que protegen su industria alimentaria como los europeos y acá en Chile ni siquiera pedimos que nos volvamos proteccionistas”. No existen mayores incentivos para la producción lechera, que en Chile está abierta al mundo por el libre mercado. El gran beneficio es la excepción de pago de ciertos impuestos en caso de ser cooperativa. Prolesur prácticamente ha cerrado la planta de Osorno porque prefiere importar leche, esto incluso es lo que le podría haber costado la salida al antiguo gerente de Soprole. 

Cooperativas

“El movimiento cooperativista se basa en una unión horizontal de propietarios de cuotas, que constituyen una cooperativa para el desarrollo de un beneficio económico, pero que de todas maneras tiene un componente social mucho mayor que el de las empresas”, explica Cristián Riquelme, socio del estudio jurídico Albagli Zaliasnik, al medio El Definido.

Las cooperativas a nivel mundial son una fuerza importante dentro del Producto interno bruto de países desarrollados. Por ejemplo, en Finlandia, las cooperativas dominan la producción de alimentos. En Noruega y Polonia la industria láctea y en Corea del Sur, la industria pesquera, entre otros casos. En Chile existen 952 cooperativas activas que suman más de un millón y medio de miembros activos, acercándose al 10% de la población nacional.

El trabajo del mérito individual, el negocio comenzó a ponerse apretado y se empezó a cuestionar este modelo de desarrollo y empieza a aparecer con fuerza el modelo asociativo. “Si no me junto con otros gallos, voy a desaparecer”. Añade nuevamente Rodrigo Mardones.

En el mercado lácteo nacional, precisamente lo que se está promoviendo es una “cultura asociativa”, tal como explica Eduardo Schwerter, presidente de la Federación Nacional de Productores de Leche, FEDELECHE -que representa más del 50% del total de la producción nacional de leche, quienes le venden a todas las empresas procesadoras que venden en Chile, pero no tienen una representación directa en ellas. En la opinión del Presidente de Fedeleche, este mecanismo sería capaz de generar las sinergias necesarias para que más productores participen de manera integrada en la actividad. En otras palabras, que no solo se queden en la etapa de producción de la materia prima, sino que además en el procesamiento y comercialización de la leche. Vemos en ello el camino para generar sustentabilidad y proyección futura a la actividad”, explica.

Pero esta no es la única razón por la que ahora se está impulsando este modelo. Según explica Eduardo Schwerter, los “cooperados de la Colun participan de manera integrada en el negocio, es decir, reciben un precio por litro de leche que producen en sus campos y luego al cierre del año, perciben parte de las utilidades que dejó la empresa. El resto de los productores que no participan de manera integrada, reciben un precio por litro de leche, el que, en muchos casos, a veces no logra siquiera cubrir los costos”.

 “Existen varios factores a considerar. Algunos de ellos son fallas estructurales de competencia, alta concentración de los poderes compradores y un incremento exacerbado de las importaciones, que limitan mejores perspectivas de precios a los productores, sustituyendo producción interna y golpeando gravemente el normal desarrollo de la producción nacional. Todo lo anterior, significó una reducción de los precios pagados al productor, que hace inviable la actividad para muchos de ellos”, señaló Eduardo Schwerter.

Los cooperados tienen acceso a invertir en una firma que no paga impuestos de primera categoría, mientras que los productores individuales no tienen acceso a esos beneficios, pagando los impuestos al vender su leche a empresas. Los miembros de las cooperativas no pagan impuestos por los excedentes que reciben de la empresa.

 

De acuerdo a la legislación, el cooperado tiene acceso a invertir en una firma o entidad que no paga impuestos, pero a la vez aceptarlo en la cooperativa hace extensivo el beneficio tributario de no pagar impuestos que correspondan a los excedentes recibidos. Informe económico de Joaquín Poblete, académico de la Universidad Católica

Para algunos analistas, lo que ocurre tiene que ver con que los neozelandeses quieren afianzar, bajo distintas estructuras, su presencia en Chile. “Esto no es más que una presencia potente de los neozelandeses que quieren, además, armar una cooperativa similar a Colun, con sus privilegios, sobre todo en el área de impuestos, que es importante”, señalan.

“Hoy, la industria de alguna manera está percibiendo menos leche en sus recepciones, por lo tanto, va a tener que salir a pagar más por la materia prima, sobre todo pensando en el próximo invierno. Mientras, como productores, estamos viendo con cuánta leche vamos a contar para la próxima temporada y de qué forma la comercializamos mejor”, señaló Jaime Olivares, presidente de Uprolac. “Cuando la industria plantea que hay que crecer, que tienen capacidad, la respuesta es que el único incentivo siempre va a estar ligado al precio”, añadió Olivares.

Por último, aparece como actor Futurolac, que ha asomado como alternativa al productor para la venta de la leche. El lácteo dejó de ser negociado por el productor directamente, y hoy la negocia directamente Futurolac con el intermediario. Esto ha significado un aumento de hasta 10 pesos por litro de leche al productor.

Todo esto para que en las mañanas pueda tomar un vaso de leche y un pan con queso. Con diferentes procedencias. Del campo, del agricultor chileno, con vacas de pastoreo o alimentadas con granos en otros lados del mundo.

 

Vacas “felices”

La lechería en Chile es más formal que la producción de carne. Hace 30 o 40 años la leche se ordeñaba a mano y se entregaba en tarros, que pasaban todo el día expuestos al sol para ser trasladados en camiones, para posteriormente pasteurizarla y envasarla. Además se ordeñaba a mano, teniendo incluso mayor cantidad de vacas (aprox. 600 mil, versus las 400 mil actuales), pero sin verse reflejado en la producción.

Las empresas han estimulado la producción, lo que ha aumentado la cantidad producida. Hoy la leche no es manipulada ni tocada por un ser humano. La leche se obtiene por medio de una pezonera y va a parar a un estanque de frío a la espera del camión. El camión, que también mantiene las cualidades de la leche, la succiona y va directo a la planta, donde continúa en frío.

Hoy Chile tiene una de los mejores sistemas de extracción de leche del mundo, lo que se suma a que las vacas consumen pasto. Sólo un 10% de la leche mundial proviene de producciones como la chilena, que son de pradera. Hoy los casos más cercanos son Uruguay y Nueva Zelanda.

La producción de pradera es la más económica desde el punto de vista que la industria paga por ella, pero tiene atributos que la leche producida con otros concentrados o grano, no tiene, como antioxidantes provenientes del pasto y que se pasan a la leche por la alimentación del animal. Y hoy la leche de pastoreo no tiene un premio.

Rodrigo Mardones, Gerente General de Agrollanquihue y Seremi de agricultura en el primer Gobierno de Sebastián Piñera, dice que hoy se puede multiplicar por 3 la producción nacional, que hoy ronda los 2 mil millones de litros, sin cambiar las condiciones de los bovinos.

“Si dedicamos el mismo suelo podemos. E incluso si agregamos más terrenos podemos acercarnos a Argentina que producía en esa época 9 mil millones de litros o incluso a Nueva Zelanda, que bordea los 14 mil millones de litros anuales”, dice Mardones. En Chile el área lechera es de 1.5 millones de hectáreas de Temuco al Sur, similar al área lechera de los neozelandeses.