La desprotección terrenal del dios Tunupa

Una figura divina en la cima del cerro, una serie de intrusiones humanas y un cerco de protección que nunca se terminó de construir resumen lo que hoy ocurre con el Gigante de Tarapacá, ubicado en la loma de una pequeña cima en pleno desierto de Atacama y considerado el geoglifo antropomórfico más grande del mundo.

 

Por Mauricio Torres Paredes  

El 12 de octubre de 2009 un grupo de estudiantes de Arqueología de cuarto año de la Universidad de Tarapacá llegó hasta los faldeos del cerro Unita en la comuna de Huara, región de Tarapacá. En su lado poniente se ubica el geoglifo Gigante de Tarapacá, una figura antropomorfa de casi cien metros elaborada con piedras y extracción de tierra. Ese mismo día lunes, el lugar también era visitado por un grupo de turistas. Sin embargo, la visita tendría algo especial.

Según reportaron el diario local La Estrella de Iquique y el de cobertura nacional Las Últimas Noticias en sus ediciones del viernes 16 y el sábado 17 de octubre respectivamente, la turista suiza, Lisa Hug, notó algo distinto entre la figura que estaba divisando al compararla con una imagen de la misma en el libro Chile under oster-insel. Ahí aparecía la forma original. “Fue una gran vergüenza el tratar de explicar el nulo respeto que existe en nuestro país. A ello se suma el grave problema que el lugar carece de protección e información donde se advierta del cuidado que hay que tener”, dijo a La Estrella de Iquique el guía turístico a cargo del recorrido Sergio Cortez. “Le dibujaron un ombligo a una de las figuras más importantes que tenemos en Chile”, agregó luego a Las Últimas Noticias.

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En diez años, entre 2008 y 2018, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), entidad a cargo de la preservación del patrimonio, ha tratado la situación del Gigante de Tarapacá en ocho oportunidades. De acuerdo a lo que consta en sus actas, en la sesión del 18 de marzo de 2009 se expuso la llamada telefónica desde Fiscalía denunciando el ingreso de un vehículo al cerro. El consejo acordó pedir antecedentes formales y realizar una visita en terreno. El 8 de abril de ese año se informó sobre los peritajes encargados por el entonces fiscal adjunto de Pozo Almonte, Víctor Ávila, para conocer el estado de conservación del geoglifo y recién en la sesión del 8 de julio el CMN determinó remitir lo constatado en su visita a terreno. En la sesión de miércoles 12 de agosto de 2009 se informó sobre la visita del consejo entre el 30 de junio y el 2 de julio. En esa oportunidad se confirmó la presencia de huellas de acceso vehicular a la ladera, lo que se informaría a Fiscalía.

El 14 de agosto de 2013, después de cuatro años, el Gigante de Tarapacá fue nuevamente tocado en sesión del consejo. Ese día, según registran las actas, se evidenció que un grupo de desconocidos dibujó una carita feliz en la ladera del cerro Unitas, donde se ubican además otros geoglifos de menor tamaño de formas geométricas y animales.

En 1968 el comandante de la Fuerza Aérea de Chile, Eduardo Iensen Franke, sobrevolaba el desierto de Atacama junto al arqueólogo Delbert True. En ese momento redescubrió un geoglifo en la ladera del cerro Unita. Los expertos sitúan su elaboración en un periodo mucho más amplio: entre el 700 y el 1.200 después de Cristo.

 

Junto al CMN, la prensa también ha hecho eco del ingreso de personas al sitio. El 19 de agosto de 2015, el entonces concejal de Pozo Almonte, Luis Martínez, pidió disculpas públicas luego de que se descubriera que escribió su nombre y el de una mujer llamada Alysson en los faldeos del cerro. El Consejo de Monumentos sesionó por el  caso del concejal el 14 de octubre de 2015. En el acta se informó que el 20 de agosto la fiscal de Pozo Almonte, Yocelyn Pacheco, se contactó con la otrora coordinadora del CMN Tarapacá, Orietta Ojeda, para visitar el lugar y observar los daños junto a la Policía de Investigaciones. Si bien se constató que “la acción del viento los ha borrado paulatinamente”, se manifestó la preocupación en torno a la desprotección del geoglifo.

Las dos últimas sesiones del CMN donde se presentó el asunto del geoglifo tuvieron lugar el 11 de marzo de 2015 y el 8 de marzo de 2017 y dieron cuenta de denuncias de particulares (Jaime Tamburini Rodríguez, presidente de Rescate Cultural e Histórico de Tarapacá, y Javier Morales Molina) sobre la basura alrededor del cerro a raíz de los escombros que dejó la empresa a cargo de construir un cerco perimetral en 2014.

Estas intervenciones no solo se han realizado a pie. Frecuente es el uso de vehículos motorizados que suben el cerro ya que, si bien se intentó en su momento, hoy no existe impedimento al acceso. Según información que recogió el diario La Estrella de Iquique el 18 de junio de 2016, el arqueólogo Luis Pérez denunció la realización de “rituales” en torno al Gigante, lo que dejó un daño “irreversible” tanto por la acción de pisadas, como por las ruedas de los vehículos todo terreno y camionetas 4×4. Pérez explicó al medio que cualquier movimiento de la tierra del cerro Unita genera cambios inmediatos en su color cuando pasan autos o personas a pie. “La alteración no solo se relaciona a los geoglifos, sino a todo alrededor, paraderos y senderos ceremoniales”, dijo el arqueólogo.

La última intervención conocida fue en agosto de 2018, cuando el geoglifo fue visitado por el ministro de Bienes Nacionales, Felipe Ward. A solo días de que el secretario de Estado llegara a Huara el 3 de agosto, particulares acusaron que desconocidos dibujaron dos figuras fálicas en las laderas del cerro, a solo metros del geoglifo. El 13 de agosto, la secretaria regional ministerial de Bienes Nacionales de Tarapacá, Pilar Barrientos, presentó una denuncia formal ante la Fiscalía de Pozo Almonte. De todos los “ataques” al Gigante, solo la denuncia de Bienes Nacionales, presentada este año, sigue en curso formal de investigación a cargo del Ministerio Público, según información solicitada vía Ley de Acceso a la Información (Ley de Transparencia). Algunas han tenido sanciones, pero otras no han podido sostenerse por falta de pruebas explican en Fiscalía.

El mes de agosto es quizás el más complejo para el Gigante, ya que el 10 de ese mes se realiza la fiesta de San Lorenzo en el pueblo de Tarapacá, ubicado a solo diez kilómetros al oriente del cerro Unita. Algunos peregrinos inician un sendero desde el camino que ingresa al cerro. La mayor frecuencia de personas es un riesgo latente.

Una de las tantas intervenciones, y la de mayor repercusión, ocurrió en octubre de 2009 y quedó registrada por el arqueólogo Luis Briones, quien acompañaba a sus alumnos de la Universidad de Tarapacá al cerro Unita, nombre de la ladera donde está el geoglifo. “El daño consistió en agregar un círculo a manera de ‘ombligo’ de piedras menudas, alterando la versión original del geoglifo”, escribió Briones el 19 de ese mismo mes a la entonces coordinadora regional del CMN de Tarapacá, Gerda Alcaide.

La reparación del altercado estuvo en manos de uno de los alumnos de la carrera. Como “solución rápida”, consigna el informe que envió el arqueólogo al CMN, “se encargó a un estudiante hacer el despeje para evitar la sobrecarga de personas trajinando sobre la figura. El trabajo consistió en levantar las piedras y depositarlas sobre el borde, desde donde supuestamente salieron. Se dieron instrucciones del caso, en base a nuestra experiencia: ingresar y salir del geoglifo con el mayor cuidado, en lo posible sin dejar rastro”.

La Ley sobre Monumentos Nacionales establece que “el que causare daño en un monumento nacional, o afectare de cualquier modo su integridad, será sancionado con pena de presidio menor en sus grados medio a máximo y multa de cincuenta a doscientas unidades tributarias mensuales”.

El 7 de junio de 2011, la Municipalidad de Huara se puso en contacto con el Consejo de Monumentos Nacionales en lo que fue el primer apronte para la protección del geoglifo. En un correo electrónico enviado desde la Secretaría Comunal de Planificación y Coordinación de Huara (Secplac) a la Comisión de Patrimonio Arqueológico del CMN, se refieren al personaje del geoglifo como el “Chaman del cerro Unita”.

“Nuestro objetivo principal es la protección del sitio y con esto generar una infraestructura que permita la observación del Gigante y del resto de los paneles, para lo cual consideramos pertinente las siguientes acciones: Construcción de un cierre perimetral que no interfiera con la composición topográfica, un acceso controlado al conjunto arqueológico, señalética pertinente y puntos de observación”, dice el correo enviado.

Un dios civilizador

En 1968 el comandante de la Fuerza Aérea de Chile, Eduardo Iensen Franke, sobrevolaba el desierto de Atacama junto al arqueólogo Delbert True. En ese momento redescubrió un geoglifo en la ladera del cerro Unita. Los expertos sitúan su elaboración en un periodo mucho más amplio: entre el 700 y el 1.200 después de Cristo.

Los arqueólogos de la Universidad de Tarapacá, Juan Chacama y Gustavo Espinosa, elaboraron en 1997 un informe académico sobre lo que nombraron la “deidad frontal con báculos”, una divinidad que nació en la selva y descendió desde la cordillera boliviana a las costas chilenas. Su representación se caracteriza por los rayos que emergen de su cabeza y sus brazos en forma de V. Según el estudio, el Gigante sería una representación del dios Tunupa, hijo del dios Viracocha, principal deidad andina y “creador de todas las cosas”. Su rol sería ayudar a su padre a “ordenar el mundo” y es visto como “un personaje viajero, un predicador y hacedor de milagros, asimilado incluso a un santo peregrino”.

En algún momento, reconocen Chacama y Espinosa, el nombre de Tunupa trasciende hacia el de Tarapacá. Ambos autores reconocen que “la trayectoria de la Tunupa sugiere un recorrido civilizador en toda la región” y que Tarapaca se asume como “personaje mítico, burlador, peleador; además un viajero civilizador”. No obstante, la historia de Tunupa, consignan los investigadores, se prestaba para ser asimilada por el cristianismo. “Los diferentes relatos de la martirización de Tunupa llegan al extremo de asimilarlo casi totalmente con Jesucristo en el tránsito de su pasión, muerte y resurrección”, dice el estudio. Incluso fue identificado con San Bartolomé y Santo Tomás. De hecho, hoy tiene una estrecha vinculación con la festividad de San Lorenzo de Tarapacá: “Así el Tarapaca hacedor, predicador, milagrero, Mesías, profeta, mártir, es un personaje construido por los cronistas con criterios pastorales”.

De origen pucara o tiwanaku, Chacama y Espinosa dicen que en su peregrinaje hacia la costa, esta divinidad “tiene un mandato civilizador, debe ordenar el mundo, aunque en su camino provoque más de una riña importante, tensión que al fin y al cabo permiten el equilibrio de la sociedad de los humanos y, al parecer, también de las divinidades”.

El geoglifo es, incluso, uno de los más grandes de Sudamérica y del globo, aunque los expertos no se atreven a decirlo a ciencia cierta. Este año, por ejemplo, se descubrieron nuevos geoglifos en la zona de Nasca Palpa, en Perú, sin embargo ninguno de ellos supera las dimensiones del Gigante, quien aún defiende su título mundial.

El presupuesto original para el proyecto “Construcción Cierre Perimetral Cerro Unita, Comuna Huara” fue de 488 millones 412 mil pesos y el plazo para la ejecución de la obra se fijó en 240 días.

 

Pero antes de ser el Gigante de Tarapacá, el geoglifo era conocido como el Gigante de Atacama. Antes de que Tarapacá quisiera darle una mención regional, ya que hoy es incluso símbolo del Gobierno Regional de Tarapacá y ha sido hasta representado como corpóreo en ferias de promoción turística. Se ubica en el desierto de Atacama, pero a kilómetros de San Pedro de Atacama en la región de Antofagasta y a varios kilómetros también de Copiapó, capital de la región de Atacama. Esa fue otra de las razones que llevó a los operadores turísticos a apoyar el cambio de nombre, evitar una serie de confusiones geográficas y político administrativas.

En 1977 el Servicio Nacional del Turismo (Sernatur) junto a la Universidad de Tarapacá elaboraron un primer informe para preservar los distintos geoglifos del norte chileno, entre ellos el Gigante de Tarapacá, cuyo proyecto fue el más costoso de todos. El proyecto costaba 26 millones 100 mil pesos para la época (hoy serían unos 46 millones aproximadamente) y contemplaba basureros, letreros informativos y educativos, senderos interpretativos, estacionamientos, sombrillas, asientos, demarcaciones y la limpieza del lugar. También se consideró una unidad de información por diez millones de pesos.

Un informe de Sernatur del año 2000 recogió dicho estudio con el fin de ejecutar un plan de restauración y valorización del sitio arqueológico y de arte rupestre. La elaboración del programa se hizo desde el punto de vista de la industria, considerando que el punto es un lugar obligado de visita y una fuente de trabajo para empresas turísticas, “sin embargo los años, la desidia de cierto público y la falta de mantención, paulatinamente han ido dañando gravemente estos sitios”, dice la propuesta del servicio público.

Ruinas sobre ruinas

El paisaje en el cerro Unita es el siguiente: postes de luminarias oxidados y desarmados, en el suelo, letreros de lo que alguna vez fue una faena de trabajo, mallas de color naranjo que se calientan bajo el sol del desierto desde 2014 y rocas, pero rocas artificiales, pedazos de cemento con tubos metálicos en su centro. Bloques de concreto quedaron alrededor del monte. Ruinas sobre ruinas. Las primeras de una obra inconclusa y las segundas de un pasado que los antiguos habitantes de Tarapacá intentaron dejar para la posteridad y que cada vez se mantiene con mayor dificultad ante el paso del tiempo.

La serie de intervenciones provocó que en 2012 las autoridades regionales iniciaran la posibilidad de construir un cierre perimetral alrededor del cerro para evitar nuevos ataques de personas a pie y en vehículos. El 29 de octubre de 2012 el Consejo Regional de Tarapacá aprobó por unanimidad un total de 541 millones de pesos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional para la construcción de un cierre perimetral alrededor del cerro, de los cuales 488 millones correspondían a obras civiles. La propuesta fue presentada por la en ese entonces intendenta del primer gobierno de Sebastián Piñera, Luz Ebensperger, hoy senadora por Tarapacá. Sin embargo, el cero nunca cerró.

El 13 de enero de 2013 se aprobó el convenio mandato completo e irrevocable entre el Gobierno Regional de Tarapacá y la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la región. En el documento se le encomienda a esta dirección “la gestión técnica y administrativa para la ejecución del proyecto”

“La Unidad Técnica [la Dirección Regional de Arquitectura de Tarapacá] tendrá la supervisión técnica y administrativa del citado provecto, que comprenderá los procesos de licitación hasta la adjudicación y contrataciones respectivas, así como la supervisión directa de las obras contratadas hasta su total terminación y entrega”, dice el documento.

El 9 de marzo de 2013 se publicó la propuesta pública del cierre perimetral en el Diario Oficial, la que fue adjudicada a la firma “Frontanilla y Orellana Limitada”, bajo la representación legal de Hermán Orellana Flores, quien suscribió la creación de la empresa ante notario público junto a su socia Gina Frontanilla Varela, según información publicada por el Diario Oficial el 31 de agosto de 2001. La empresa también podía actuar bajo el nombre de “Quinta Orden Limitada”, consigna la publicación. Su capital inicial fue de 40 millones de pesos aportados en partes iguales por cada integrante de la empresa. El 31 de agosto de 2005, el Diario Oficial publicó que Orellana había creado otra empresa del mismo rubro: “Ingeniería Civil y Construcción EIRL (Empresa Individual de Responsabilidad Limitada)” o “Icivil EIRL”.

En el Servicio de Impuestos Internos (SII), la empresa Frontanilla y Orellana aparece con las siguientes actividades económicas vigentes: Preparación del terreno, excavaciones y movimientos de tierras. Construcción de edificios completos o de partes de edificios. alquiler de maquinaria y equipo de construcción e ingeniería civil, alquiler de otros tipos de maquinarias y equipos N.C.P. (No Clasificado Previamente), y servicios de ingeniería prestados por empresas N.C.P.

Según el SII la empresa inició sus actividades el 12 de septiembre de 2001. Su primer timbraje de documentos tributarios fue en 2002 y el último se fechó en 2014. El servicio además publica situaciones de posible comportamiento tributario irregular: Contribuyente no ubicado, es decir que no se ubica en el domicilio declarado al SII, y Contribuyente inconcurrente, pues no ha concurrido a los requerimientos de documentación del servicio. No hay antecedentes de que la empresa haya quebrada, aunque así lo ha afirmado la prensa local respecto a que las obras del cierre perimetral nunca concluyeron.

El presupuesto original para el proyecto “Construcción Cierre Perimetral Cerro Unita, Comuna Huara” fue de 488 millones 412 mil pesos y el plazo para la ejecución de la obra se fijó en 240 días. Se aceptó la oferta por 455 millones 61 mil 176 pesos propuesta por Frontanilla y Orellana, empresa inscrita hasta ese momento en el Registro de Contratistas de Obras Mayores del Ministerio de Obras Públicas. No obstante, de acuerdo a Chile Proveedores, a 2018 la empresa está eliminada del registro para obras mayores. El estado de la sociedad dice “sin contrato vigente”.

Contraloría realizó la toma de razón de la adjudicación el 26 de junio de 2013. En las especificaciones técnicas del proyecto se alude a marcas de productos, materiales e insumos, sin embargo se hace hincapié en que son de tipo referencial y no obligan a la empresa a adquirirlas. Sí se le exigió a Frontanilla y Orellana que los materiales, partes, piezas y elementos empleados en la construcción fueran todos nuevos y de calidad.

Como tal, la obra consistía en construir un cierre perimetral, un camino rural mejorado con sal y confinado con soleras, conformando un paseo. Su objetivo primordial era proteger el conjunto de geoglifos “sin alterar su belleza histórica”. El cerco se conformaba de un cierre externo de pirca de piedra de un metro de alto que limitaría el acceso de vehículos y un cierre interno de malla metálica también de un metro que impediría el acceso peatonal al cerro. Entre ambos cercos se trazaría un circuito de recorrido con un acceso y tres miradores de diseño circular generando plazas de 15 a 20 metros de diámetro. Se habilitarían estacionamientos y también se consideraron luminarias.

La justificación del proyecto según sus especificaciones: “Demarcar físicamente un límite, permitiendo mayor y mejor seguridad en torno al cerro prohibiendo el paso de vehículos que pudieran dañar los geoglifos”. A esto se agrega una frase fundamental, ya que tiene estricta relación con la dificultad para sancionar las infracciones a la Ley de Monumentos nacionales: “En caso de daños o hurtos a los sitios o paneles arqueológicos la ley puede actuar reconociendo la violación de un cerco”. Asimismo, “el hecho que exista un cierre perimetral entorno al cerro Unita, define un recinto privado u reafirma propiedad, poniendo una valla o barrera física entre el descampado de la pampa y este bien arqueológico”.

El 19 de agosto de 2015, el entonces concejal de Pozo Almonte, Luis Martínez, pidió disculpas públicas luego de que se descubriera que escribió su nombre y el de una mujer llamada Alysson en los faldeos del cerro.

 

El 20 de marzo de 2014, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) informaba a través de su portal, que el cierre perimetral estaría listo a mediados de ese año. Sin embargo, a los pocos días la situación cambiaría radicalmente. Según la empresa Frontanilla y Orellana, la normalidad en la ejecución de la obra duró hasta el 1 de abril de 2014, oportunidad en que la región fue azotada por dos sismos, uno de grado 8,2 Richter y otro al día siguiente, de 7,6 grados. Ahí se entramparía el proyecto y las versiones entre el ministerio y la empresa.

Panorámica del cerro Unita

De acuerdo a una demanda presentada contra el Fisco de Chile por el abogado Rodrigo Campos Oliva en representación de Frontanilla y Orellana, los sismos “ocasionaron daños a la obra, principalmente en los muros de pirca, provocando deterioros de diversa consideración en toda su extensión, los que por supuesto fueron informados por la empresa a la Dirección del MOP, solicitando una visita para la evaluación de los daños”. La argumentación de la empresa dice que “a causa también de los sismos, la obra quedó en estado de detención debido a los daños directamente producidos por los mismos, y a las consecuencias posteriores a ellos, tales como la falta de personal y los riesgos de derrumbe, todas secuelas propias de hechos de estas características, y que fueron oportunamente informados a la Dirección de Obras correspondiente”.

Aquí es donde se cruzan ambas versiones. El 26 de agosto de 2014 ingresó una causa civil al Juzgado de Letras de Iquique de 2014, la empresa demando al Estado ya que lo acusó de un perjuicio económico indirecto. Resulta que el MOP puso fin anticipado el contrato argumentando que fue la empresa la que no cumplió con los plazos y las exigencias del ministerio, situación que inhabilita a la empresa aludida en el registro de proveedores de Obras Públicas. Lo anterior afectaba a la firma, pues le impedía postular a nuevos proyectos a futuro. La causa se encuentra actualmente archivada.

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